Mirar al gran cielo azul marino,
negro en invierno.
Me hace sentir tan insignificante, sentir que estamos perdidos en un cosmos infinito es algo evidente.
Pero no a saber a lo ojos de un cualquiera.
Si el tamaño de cada estrella es igual
al de un grano de arena,
y el de una estrella fugaz al de un guisante...y
las vemos tan enormes y brillantes,
tendría que darnos que pensar en que somos una diminuta parte de un todo.
Que el centro del universo es
algo invisible a los ojos humanos.
Formamos parte y observamos pacientemente su gran velo.
Nos arropa en forma de una esfera azul.
De noche.
De tela mas clara y suave, no tan elegante a mi pensar.
De día.
Pero esconde con los ojos cerrados
tantos secretos como su hermana noche.
Miro de madrugada hacia arriba, en busca
de tu mirada.
Esperando encontrar rastro alguno
del pigmento dorado de tus ojos.
porque es hermoso y
me consuela el pensar que allí arriba tus ojos también puestos están.
Y, lejos, y,
tras muchos kilómetros.
Tu y yo,
miramos al mismo cristal y por el mismo espejo.
Me duermo...Mirando
como mi farola
empieza a llorar, Lluvia de luz.