Soñé, soñé y me desperté.
Desperté, desperté y soñé despertar al soñar.
Soñé un sueño un tanto extraño, un tanto raro de contar.
Desperté, desperté y soñé despertar al soñar.
Soñé un sueño un tanto extraño, un tanto raro de contar.
Soñé, y cuando desperté deje de soñar.
Mirando el reloj llegué tarde a la hora en la que redactaban "La hora del té".
Pues se me escapó la carroza, o no llegó nunca.
Mirando el reloj llegué tarde a la hora en la que redactaban "La hora del té".
Pues se me escapó la carroza, o no llegó nunca.
Soñé caminar por un largo camino del monte, al que al final llegaría a una vieja casa donde en ella vivía un anciano, y este me diría que soy un fantasma.
Piedras cortaban el paso,
pero el tiempo pasaba sin descanso.
El siguiente apartado me parece un buen consejo: Aprovecha las confusiones de la noche,
puede que no te queden mas oportunidades.
Tele-transportarme al trasmundo sea quizá la solución,
volar entre hierros pesados hundidos en el suelo quizá sea una salida.
Ir a 200 por hora, nos hará creer que controlamos el tiempo.
Estar en las nubes; es lo que deseo.
Y comer queso hasta reventar, y pintar tus labios de azul sería bonito.
Pero sin querer, se pierde belleza por saber que es solo una ilusión.
Si soñara el sueño, solamente soñando... dolería menos, estoy segura.
Porque duele el soñar sin estar dormida.
Al fin y al cabo,
hace daño a la vista.
Finalmente,
hay veces que la inteligencia, solo por llamarse así llama por teléfono al dolor,
y este descuelga.
Pero... aún así, confío en que el tiempo está de mi parte.




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