Calleron meteoros por encima de nuestras cabezas.
¿Recuerdas?
Estrellas fugaces que bailaban.
Peter perdió la sombra en
la habitación de la pequeña Wendy, y
yo me perdí entre tus brazos.
Abrazos.
Que tejiste con telarañas alrededor
para que lo nuestro sea eterno.
Millones de diminutos puntitos
son testigos
de miles de palabras en una noche.
Nos reuniremos en mi castillo de aire,
el que anclado entre árboles
nos espera cada noche.
Para perdernos.
No hace falta que,
intentes despertar,
dormiremos hundidos en un cuento, sin narrador,
para que nunca se cuente
un final.
¿Por qué?
Le arranqué las hojas
al principio del cuento, y
dulcemente me negaré
a terminarlo.
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