Su boca sabe a tabaco y de la ropa sale humo.
Me roza la piel su camisa.
El cabello llega hasta el cielo, como una enrredadera.
Con el sol asomando desde las esquinas de cada edificio,
miro a lo alto y cierro los ojos. Esa luz.
Deseando juntar nuestras cabezas. Y dormir tranquila.
Hablar sin decir nada, y matar callando esas palabras.
Morir en 10 segundos, y vivir durante 15 minutos.
Verte la cara sin mirarte.
Y en una despedida sin palabras, tropezar con tus ojos y tu con los mios.
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